Del Mac a pedales al iPhone en la Luna: cuarenta años de ingeniería que me hacen pensar
Hay noticias que, leídas con calma, te obligan a parar y mirar atrás. Esta semana Applesfera recordaba una historia que yo no conocía: en 1991, el astronauta Shannon Lucid envió el primer email desde el espacio usando un Macintosh Portable que pesaba siete kilos y costaba más de seis mil dólares de la época. Treinta y cinco años después, un iPhone 17 Pro Max ha viajado a la Luna en el bolsillo de un traje de la misión Artemis. Siete kilos frente a 200 gramos. Un ladrillo con pantalla de fósforo frente a un ordenador de bolsillo con chip de 3 nanómetros.
Como estudiante de Ingeniería Civil, estas comparaciones me fascinan porque resumen lo que hace la ingeniería cuando funciona bien: hacer pequeño lo que era enorme, barato lo que era carísimo, y cotidiano lo que era excepcional. Y lo curioso es que esta curva no se da solo en electrónica.
Mirad la noticia de La Razón sobre Boskalis: han convertido un buque comercial en la mayor plataforma de instalación de rocas submarinas del mundo, 45.500 toneladas dedicadas a colocar piedra en el fondo del mar para proteger cables, tuberías y cimentaciones de parques eólicos marinos. Parece el extremo opuesto al iPhone —aquí todo va de hacer las cosas más grandes, no más pequeñas— pero la lógica es la misma: resolver un problema de infraestructura con una herramienta diseñada a medida. Sin barcos así, la transición energética offshore no se sostiene. Literalmente.
Y mientras tanto, en Xatakamóvil se plantea una pregunta que me ronda bastante: ¿tiene el móvil los días contados? Musk, Gates, Zuckerberg y Altman apuestan a que sí, que dentro de una década hablaremos con gafas, anillos o pines con IA. Tim Cook, lógicamente, dice que no. Yo me quedo con una postura intermedia. Los Humane AI Pin y los Rabbit R1 han sido fracasos estrepitosos porque intentaron sustituir al móvil sin ofrecer nada mejor. Pero el día que un dispositivo resuelva de verdad una fricción —como el Macintosh Portable resolvió "escribir en órbita"— el cambio ll
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